La relación entre "Cine y Literatura"
El Cine y Literatura están estrechamente relacionados: ambos son expresiones artísticas en que los autores intentan comunicar un mensaje.
Una estrecha relación entre el cine y la literatura Charles Dickens y sus cuentos encajaban añísimos atrás con las estructuras de un nuevo arte: el cine, creado hace apenas cien años. Otro arte dispuesto a expresar, a transmitir, a contar historias, tal y como fijara ya en los inicios de éste el norteamericano Griffith. El autor quizá más prolífico de esos titubeantes primeros pasos. Años que sirvieron sin duda para apelmazar la percepción, nueva, del espectador: el nuevo destinatario.
De este modo, se heredaron y adaptaron unas estructuras ya conocidas a un universo artístico completamente nuevo, que contaba con un lenguaje propio, un lenguaje con imágenes y con palabras, más tarde habladas y audibles y música...
Griffith instituyó el dogma cinematográfico basado, como sabemos en las estructuras literarias reconocibles en el siglo XIX. Bien es cierto que en esas primeras albas del medio, las adaptaciones gozaron de abundante presencia entre la producción cinematográfica. Otros autores de ese primer ciclo, ( que escogemos entre el inicio del cine y la aparición del sonoro) bien pudieran representar a estos Chaplin, Burton o Murnau, acompasaron el nuevo medio a ese poderío de lenguaje visual que ofrecía. Propusieron a las personas de los principios del siglo pasado una disyuntiva que iba de ver las imágenes que traían las historias que se contaban o de leer las historias al gusto de la imaginación.
De este modo, se heredaron y adaptaron unas estructuras ya conocidas a un universo artístico completamente nuevo, que contaba con un lenguaje propio, un lenguaje con imágenes y con palabras, más tarde habladas y audibles y música...
Griffith instituyó el dogma cinematográfico basado, como sabemos en las estructuras literarias reconocibles en el siglo XIX. Bien es cierto que en esas primeras albas del medio, las adaptaciones gozaron de abundante presencia entre la producción cinematográfica. Otros autores de ese primer ciclo, ( que escogemos entre el inicio del cine y la aparición del sonoro) bien pudieran representar a estos Chaplin, Burton o Murnau, acompasaron el nuevo medio a ese poderío de lenguaje visual que ofrecía. Propusieron a las personas de los principios del siglo pasado una disyuntiva que iba de ver las imágenes que traían las historias que se contaban o de leer las historias al gusto de la imaginación.
CINE Y TEATRO
El cine mudo es el principio del lenguaje cinematográfico cuyo principal maestro, Grifith, estableció las reglas básicas que rigen su funcionamiento.
Una vez estructuradas las técnicas de sonido que posibilitaban la inclusión de una banda sonora en el celuloide, unos nuevos límites aparecían.
Es a partir de aquí cuando el teatro comienza a lograr importancia dentro de las adaptaciones cinematográficas ya que el diálogo forma el epicentro de toda obra teatral y a su vez el cine redescubre el teatro para conformar unos nuevos horizontes de la narrativa cinematográfica. Por ello, el cine debe filtrar el don de la palabra dentro de los conceptos cinematográficos. Lo que mueve al cine es la acción y no la palabra que, mal utilizada, entorpece y retrasa el desarrollo de la trama.
El principal problema que debe salvar el cine es la tangible realidad escénica. El teatro se centra en una realidad lanzada al espectador en vivo dentro de un encuadre constante donde el escenario es evocado por el atrezzo de forma poética. El cine debe responder con sus armas. La palabra se subordina a la acción. Para ello la planificación meramente cinematográfica es la base de todo film. La dirección de actores, movimientos de cámara, riqueza de escenarios... todo ello debe simplificar el mero diálogo teatral para producir una traducción acorde con el arte que se maneja.
Pocos directores han podido firmar sus obras a la altura del dramaturgo por excelencia, Shakespeare. Orson Welles fue uno de ellos. Entendiendo perfectamente el lenguaje cinematográfico no tuvo más que traducir los textos impresos en celuloide. La adaptación de toda obra se debe a una premisa, la observación de la conducta humana. Para ello, cada medio se debe a sus instrumentos de creación.
El cine mudo es el principio del lenguaje cinematográfico cuyo principal maestro, Grifith, estableció las reglas básicas que rigen su funcionamiento.
Una vez estructuradas las técnicas de sonido que posibilitaban la inclusión de una banda sonora en el celuloide, unos nuevos límites aparecían.
Es a partir de aquí cuando el teatro comienza a lograr importancia dentro de las adaptaciones cinematográficas ya que el diálogo forma el epicentro de toda obra teatral y a su vez el cine redescubre el teatro para conformar unos nuevos horizontes de la narrativa cinematográfica. Por ello, el cine debe filtrar el don de la palabra dentro de los conceptos cinematográficos. Lo que mueve al cine es la acción y no la palabra que, mal utilizada, entorpece y retrasa el desarrollo de la trama.
El principal problema que debe salvar el cine es la tangible realidad escénica. El teatro se centra en una realidad lanzada al espectador en vivo dentro de un encuadre constante donde el escenario es evocado por el atrezzo de forma poética. El cine debe responder con sus armas. La palabra se subordina a la acción. Para ello la planificación meramente cinematográfica es la base de todo film. La dirección de actores, movimientos de cámara, riqueza de escenarios... todo ello debe simplificar el mero diálogo teatral para producir una traducción acorde con el arte que se maneja.
Pocos directores han podido firmar sus obras a la altura del dramaturgo por excelencia, Shakespeare. Orson Welles fue uno de ellos. Entendiendo perfectamente el lenguaje cinematográfico no tuvo más que traducir los textos impresos en celuloide. La adaptación de toda obra se debe a una premisa, la observación de la conducta humana. Para ello, cada medio se debe a sus instrumentos de creación.

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